Aaron de Anchorena: El Pionero del Turismo en Bariloche y la Zona

Topics: Bariloche, historia de bariloche, turismo en bariloche, isla victoria y bosque de arrayanes

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La historia de la actividad turística en San Carlos de Bariloche incluye a muchas personas y familias. Y la memoria colectiva hace un esfuerzo invalorable a la hora de reconstruirla. Desde los primeros turistas hasta los primeros hoteles, el camino recorrido ha sido sostenido y constante. Pero existen improntas imborrables que han dejado huellas y que muchas veces, por desidia o falta de recursos, hasta corren el riesgo de desaparecer, a no ser por quienes trabajan en el permanente rescate de ellas.

Uno de esos nombres que la historia se ha encargado de preservar es el de Aarón de Anchorena, considerado "el primer turista del lago Nahuel Huapi, el primer campamentista, el primer mochilero y el primero en llegar a lugares desconocidos por completo para sus contemporáneos". Cuando recién comenzaban a esbozarse los primeros hoteles en Bariloche (posadas principalmente) y algunos inmigrantes llegaban para asentarse en la Colonia Agrícola del Nahuel, el entonces Presidente de la Nación Argentina, Julio Argentino Roca, invitó al aristócrata porteño Aarón Félix Martín de Anchorena Castellanos (1877-1965), para que recorriera la Patagonia.

Los relatos de la época dan indicios de que en este joven, que por entonces tenía sólo 25 años, el gobierno vislumbraba la posibilidad de inversiones inmobiliarias y de servicios turísticos. A ese viaje, que duró unos 3 meses, se sumaron Esteban Llavallol y Carlos Lamarca, y así se convirtieron en los primeros turistas en arribar a la región.

Luego de extensos recorridos, fue su paso por la Isla Victoria, donde indudablemente se vio cautivado, lo que lo motivó a tomar decisiones inmobiliarias, con una gran visión comercial.

"Costeamos por algún tiempo la isla (Victoria) hasta entrar en un puerto de precioso aspecto situado en la parte occidental, totalmente cubierto de impenetrable bosque de cipreses y hayas", relató el propio Aarón en sus escritos. En ese lugar "pasamos varios días cazando cabras salvajes que las hay en abundancia", agregó. Esa estadía, que habría complacido a los habitantes de la zona, le valió que bautizaran al lugar al que arribaban las embarcaciones, como "Puerto Anchorena", reconocimiento indiscutible para quien llegó por primera vez a la zona. Ese mismo año, el gobierno, a través de la Dirección de Tierras y Colonias, le otorgó la concesión de arrendamiento de la Isla Victoria en su conjunto y, 5 años después, cuando la Presidencia de la Nación era ocupada ya no por el General Roca sino por José Figueroa Alcorta, y por Ley del Congreso de la Nación Nº 5267, se le otorgó "el usufructo de por vida", beneficio que mantuvo hasta 1911, oportunidad en la que el propio Anchorena desistió de sus derechos. Cabe destacar que Anchorena habría querido comprarlas, pero las leyes vigentes impedían esa transacción comercial por tratarse de una "propiedad inalienable de la Nación".

Durante el tiempo en que duró el usufructo, el enamoramiento con el lugar lo impulsó también a construir su propia vivienda como morada para regresar de visita a la Isla Victoria - las veces que quisiese - pero también para recibir huéspedes: un selecto grupo de turistas tentados por conocer una parte del "paraíso" de lo que ya se comenzaba a identificar como la "Suiza Argentina". Así fue que encargó al Ingeniero Civil de origen germano, Otto Mûlenpfort, la construcción de lo que pensó como una estancia modelo, donde se preservara el entorno natural. La casa principal, qué aún se conserva, aunque con modificaciones, es de dos pisos con balcón y ambientes espaciosos. Su interior, con poca ornamentación y de un estilo cercano al neoclasicismo, contaba con una importante biblioteca, un pequeño museo y hasta una nutrida bodega en el sótano. Todo pensado para dar respuestas a las necesidades y costumbres de sus habitantes y futuros huéspedes, con detalles artesanales copiados del sur de Chile. De techo a dos aguas a 45º -recubierto originalmente con tejuelas de alerce - la vivienda posee una interesante galería que recorre todo el perímetro de la planta e integra interior y exterior tanto en lo paisajístico como en lo social según los hábitos de la época.

Complementariamente hizo construir un espacio para tareas administrativas y un aserradero en el que se trabajó la madera necesaria tanto para la vivienda como para una serie de infraestructura específica como un muelle, un tambo, un astillero, corrales y galpones. También hizo levantar un vivero y concretó la apertura de caminos internos. El muelle fue pensado básicamente para posibilitar el amarre de la Goleta Pampa y los vapores que acercaban a la Isla materias primas para la estancia y productos que luego se comercializaban en el pueblo de Bariloche y se exportaban al vecino país de Chile.

En esa intención de preservar el medio ambiente, el Vivero tuvo un rol fundamental para la reproducción de más de dos mil especies de árboles de todo el mundo. Pero además pobló la Isla con animales exóticos como faisanes y ciervos, hasta ese momento inexistentes en el lugar.

Ubicada en el interior de la Isla Victoria, la que a su vez emerge en el Lago Nahuel Huapi, conocida desde entonces como "Vivienda de Anchorena", fue sufriendo los avatares del paso del tiempo y del clima. Pero la necesidad de conservarla, y con ella a un gran trozo de la historia de la zona, permitió que se la incluyera dentro del Patrimonio de interés histórico, urbanístico y arquitectónico de Bariloche y también del Patrimonio de interés histórico y cultural de la Administración de Parques Nacionales.

En 2010, merced al Programa de Mejora de la Competitividad del sector Turismo en Áreas Piloto y la disponibilidad de un crédito otorgado por el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), se concretó su restauración y la de la infraestructura que la complementa, hecho que no sólo logró rescatar el patrimonio en sí, sino que puso en valor y potenció una propuesta turística para los visitantes que arriban a la Isla Victoria.

A Aarón de Anchorena, la actividad turística de Bariloche y sus alrededores, le debe mucho. Podría asegurarse que fue quien puso la piedra fundacional de la industria sin chimeneas.

Roxana Arazi

Fuentes consultadas: Federico Sillin (Archivo Visual Patagónico); Yuyo de Mendieta (laangosturadigital.com.ar); Ricardo Vallmitjana (90 Años de turismo en Bariloche).

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